Es curioso como en este Chile aún se mantiene el doble estándar, pero éste se acrecienta cuando se trata de labores públicas; peor aún si se trata de la clase política.
Llama la atención como desde la Concertación están las contradicciones más curiosas por llegar al sillón presidencial, y actúan como si la ciudadanía fuera por decir lo menos, ingenua, salen al paso diciendo que: “no es el momento para pensar en la carrera presidencial”, sin embargo todos y todas dicen estar dispuestos si la historia “los convoca” y en realidad vienen trabajando su candidatura hace rato, pero insisten en que deben apoyar a este Gobierno, la pregunta es: si lo hacen porque están convencidos de un bien superior o por conveniencia para lograr un nuevo gobierno de la Concertación, claro, siendo él o ella la presidenta.
Por otra parte la Alianza por Chile no se queda atrás, y están buscando casi con desesperación quién quiere o puede ser candidato, algunos quieren ser proclamados inmediatamente, otras y otros buscan que sus partidos les crean, el punto es que la Alianza no tiene una convicción profunda por ninguno o ninguna de sus figuras públicas, por nadie apuestan que gana.
Y como guinda de la torta hay varios especialmente pertenecientes a la Concertación que creen que distanciarse del oficialismo y declararse independientes los hace más creíbles. Y no se quieren dar cuenta que los hace increíbles, vale decir NO creíbles. Están conscientes que no ganan pero quieren llevarse un pedazo de los votos, probablemente de los desencantados y obtener el porcentaje que les permita negociar con quienes pasen a segunda vuelta.
Hay dos elementos que ha entusiasmado a la gente de las diferentes tendencias políticas a definirse o aceptar que los definan “presidenciables”; más allá de que ya sea un proyecto personal. Por una parte, el vacío de liderazgo en el actual Gobierno, tendencia que se ha ido confirmando en diferentes encuestas, y que se demuestra en los hechos de una Administración reactiva más que proactiva; la pauta las marcan más los temas puestos por la prensa y las movilizaciones sociales.
El otro elemento a la vista de todos, que ha sido prácticamente una constante de años, es que el 50% de los ciudadanos con derecho a voto no se sienten identificados ni con el Juntos Podemos, ni la Concertación, ni la Alianza por Chile, menos con grupos más pequeños. Si se le suma los dos millones de personas mayores de 18 años no inscritos, da mucho que pensar. Y allí otra disyuntiva: ¿se atreverá la clase política ha aprobar el proyecto de inscripción automática y voto voluntario? La Derecha ya no se atrevió con el voto de chilenos en el extranjero por un tema de calculadora electoral, y lo cierto es que nadie sabe cómo se comportarán esos dos millones de electores, porque una vez que puedan votar no se sabe si votarán o no, y por quién lo harán.
Y más les asusta que los que ya están hoy en día inscritos muchos opten por abstenerse porque por ahora están obligados a votar y el 80% lo hace por alguien, pero más en la lógica de votar por el menos malo, más que por convicción y entusiasmo de que ahora sí su calidad de vida cambiará. Y el error que siguen cometiendo los políticos, especialmente esas y esos que desean ser presidentes, es que creen que ellos están más capacitados para ser los que “verdaderamente solucionen los problemas de Chile”, y la pregunta a pesar de que tengamos un régimen tremendamente presidencialista, es si pasa por quién ocupará la Primera Magistratura, cuál sería su programa de gobierno, o si más bien son los planteamientos de fondo: cómo se solucionan, no como se mejoran un poco, pero que sigue siendo más de lo mismo, y en esencia eso representa cualquiera que hoy está en la clase política, de Izquierda, Centro o Derecha, independiente, renunciado, todos y todas se enmarcan, matices más, matices menos, en preservar el actual sistema de libre competencia por ende individualista.
Allí radica la actual problemática, si basta con este sistema o la clave es cambiar el sistema en lo económico, donde la economía esté al servicio de la gente y no las personas al servicio de la economía, dicho de otra manera, ya no legitimar que en aras del crecimiento -para ganarle a los otros países- hay que rebajar el costo de la mano de obra, que se nos olvida que la clave en la economía es que sirva para que haya igualdad.
En lo político que haya una real participación ciudadana, ¿qué sucedería si las grandes consultas fueran hechas a toda la ciudadanía, la que a través del parlamento recibiría las sugerencias para mejorar las leyes o medidas administrativas si es una iniciativa que desea realizar el Ejecutivo, y que una vez analizadas las sugerencias de todos los que deseen hacerlas llegar, entonces se someta a votación (por cierto electrónica vía celular o internet no con grandes colas como es hoy) y que las autoridades sean las encargadas de implementar lo que la ciudadanía decida?
Y en lo social, implementar una iniciativa en la que aprendamos que lo central es que todos los seres humanos podamos ser lo que deseemos ser, a la vez que estar comprometidos con un proyecto de sociedad, que justamente por tener esa libertad de estudiar o trabajar en lo que nos guste, estemos comprometidos a mejorar, este nuevo modo de ser chilenos y chilenas. Porque todo lo hagamos será en beneficio de nosotros, pero también de los demás, y los demás trabajarán por ellos y nosotros. Donde la esencia no sea el bien material, sino la riqueza espiritual, el estar felices no sólo por la “igualdad de oportunidades” frase ya desgastada por su uso y no concreción, sino porque logremos una sociedad de igualitaria en su calidad de vida. Sin tenerle miedo a que “hay que quitarle a los más ricos para darle a los más pobres”, sin temerle que los más pobres son pobres por que son “flojos sin iniciativas”, sino confiando en la motivación de la gran mayoría, así como nos ponemos a defender a nuestros deportistas nacionales, y todos estamos felices por sus triunfos y no nos importa quién o qué piensa el del lado, sólo sabemos que estamos por una misma causa.
Construyamos el mismo espíritu que nos invade a la gran mayoría para la celebración del Año Nuevo, nos abrazamos con cualquiera en la calle, y les deseamos a todos los que sean felices, por una noche somos capaces de que podemos ser personas pacíficas, pero activas, donde el bien de los demás sea nuestra motivación, donde nadie sea nuestro rival. ¿Se ve como un cambio difícil de lograr? Sí, nadie lo discute, pero ¿por que sea complejo se debe renunciar a concretarlo? NO. Al contrario, debemos motivarnos más, si tenemos la profunda convicción que generando una cultura de paz, de compartir, de trabajo colectivo sin prejuicios, donde no haya ni vencedores ni vencidos, sino desafíos para todos; eso sí es comenzar a proponer un real cambio de sociedad y no mejoras de “parche”, que no curarán el problema de fondo, el actual sistema que legitima que haya personas privilegiadas y una mayoría que los hace privilegiados; el verdadero privilegio está en trabajar en la felicidad de todos.
Saludos
Gonzalo Meza A.
Director
Consultora Opinión
gmeza@consultoraopinion.cl
www.consultoraopinion.cl