El terrible terremoto de 6,8 grados que sacudió a Japón la semana pasada, y que dejó como saldo a nueve muertos y más de mil heridos tuvo repercusiones y réplicas no sólo en el país nipón, sino también en Chile.
Quizás el hecho que más ha sido recalcado del movimiento telúrico fue lo que sucedió con la plata nuclear Kashiwazaki-Kariwa, que al estar a aproximadamente 15 kilómetros del epicentro, sufrió un gran incendio, además del escape de agua contaminada con radioactividad hacia el mar, que en un principio se intentó ocultar pero finalmente se reveló que fueron 1.200 litros de agua.

Reciente terremoto en Japón.
Aunque la compañía eléctrica encargada de esta planta, Tokio Electric Power (Tepco) trató de bajarle el perfil al accidente, explicando que la cantidad de agua radioactiva fugada está dentro de los límites permitidos y no supone un peligro para las ciudades cercanas, las experiencias pasadas impiden que este tema pueda pasarse por alto.
De todas formas, ya se anuncia que la planta estará cerrada como mínimo un año, y ya existen presiones para que se haga una exhaustiva revisión a las otras plantas existentes en aquel país, que son 50, porque están bajo los mismos parámetros de seguridad que la de Kashiwazaki.
Los desastres de Chernobyl y Three Mile Island son antecedentes que marcan la pauta a la hora de hablar de energía nuclear, y las nefastas consecuencias que se pueden tener cuando ocurren accidentes, más allá de los beneficios que pueda tener este tipo de energía, sobre todo para países que no tienen los recursos propios en esta materia, como Japón y también Chile.

Planta Atómica en Japón Desastre atómico en Chernobyl
Así las voces contrarias en nuestro país a estas centrales encontraron un argumento sólido con respecto a la seguridad que puedan tener estas plantas, porque justamente uno de los fundamentos de los políticos a favor de esta iniciativa era que la experiencia en Europa y Asia eran antecedentes positivos, y el caso más utilizado era Japón al ser un país sísmico al igual que Chile; pero con este accidente esa teoría pierde todo sustento.
Además, también se alega que en definitiva el costo de la energía nuclear es mayor, por cuanto el riesgo a daños es alto, y además en Chile no se contaría con el personal suficiente para poder manejar una planta de esta envergadura.
Se agrega que es una energía que está en decadencia en los grandes países, y que sólo se mantiene en naciones subdesarrolladas por motivos más bien políticos, y que la gran opción para el desarrollo sería la energía renovable y natural, visión liderada por Sara Larraín de Chilesustentable.
Por otra parte, existe la gran interrogante sobre los residuos contaminantes y su duración de más de 10.000 años. Aunque existen alternativas como el uso de minas o almacenamientos profundos, el tope de la ubicación y el rechazo de cualquier comunidad a tener algún tipo de contacto o cercanía con los desechos, estanca los avances en esta materia.
El punto de vista favorable a la energía nuclear es justamente su menor costo en comparación al petróleo o gas, que además han sido certificados como sustancias que provocan el efecto invernadero.
De hecho, la discusión sobre el tema energético trasciende nuestras fronteras justamente por el conflicto ambiental que vive el planeta, y por lo mismo muchas voces se alzan a postular a este tipo de alternativa como la más válida y que tiene un correcto funcionamiento en varios países desarrollados.
Acercando el tema a Chile, algunos estudios consideran que para el 2017 Chile no tendrá ningún tipo de acceso a gas para abastecerse de energía, y en ese sentido el país que nos envía sus provisiones, Argentina, ya tiene en funcionamiento dos plantas nucleares con el proyecto de un tercero, afirmándose en las necesidades que ellos mismos tendrán cuando se les acaben sus propias reservas.
Los datos que se entregan con respecto a una planta nuclear es que aseguraría energía por aproximadamente 100 años.
Con respecto al tema sísmico, si bien se sufrió un traspié con el caso japonés, se sabe que una planta en un país de movimientos telúricos tiene que cumplir con exigencias mucho mayores, y que una de las básicas sería que no estuviera cerca de algunas de las fallas tectónicas, lo cual no se habría respetado en Asia por un tema económico y político.
Por el momento el tema energético en nuestro país gira en torno a la construcción de centrales hidroeléctricas en el sur para poder autoabastecernos de electricidad, pero una mirada más a futuro, pensando más allá del propio Gobierno de la actualidad, pone en el tapete la materia referida a la posibilidad de energía nuclear.
La propia Presidenta Bachelet ha recibido muchas críticas por parte de organizaciones ambientalistas quienes recuerdan los compromisos a los que suscribió la primera mandataria cuando era candidata a la presidencia, dentro de los cuales se establecía que no se trataría durante su Gobierno la posibilidad de utilizar energía nuclear.
Pero una vez más la coyuntura intervino y la actual crisis energética ha obligado la creación de una comisión, liderada por el científico Jorge Zanelli, para que analice los alcances de una planta nuclear, y la factibilidad de que se pueda utilizar en Chile.
Recién en septiembre se entregará el primer informe, que tendrá un carácter mensual, aunque ya se anunció que será con un fin más bien teórico, sobre la situación que tiene el país y por dónde deberán enfocarse los estudios para constatar la factibilidad de una planta nuclear, lo cual no dejará conforme a los que buscarán con este comisión alguna respuesta más concluyente ahora que el tema está en boga.
Aún cuando es una posibilidad que debiera comenzar a analizarse desde ahora por la proyección que se hace de las reservas energéticas, aún es un tema que tiene una visión a largo plazo, y por ahora no parece factible que la opción pueda tener luz verde, con este desastre que asoló a Japón.
Además, hay que tomar en cuenta que los antecedentes sobre estudios en Chile para este tipo de iniciativa se remontan a los años 70, cuando Endesa contrató a una empresa norteamericana que descartó la opción por sus costos.
Nuevos estudios hubo en los años 1974, 1979, 1980 y 1989 donde la proyección de la energía determinó que el país necesitaría de cuatro plantas de 400 MW cada una. El último antecedente fue en el ’98, el cual tampoco fructificó.
Si bien el tema ya no es sólo de país sino que ahora concierne a todas los naciones, el poder que tiene la conciencia ecológica en Chile sigue siendo potente como para aletargar decisiones más profundas en este sentido, sobre todo en cuanto a energía nuclear, considerando que las centrales hidroeléctricas están sufriendo zancadillas por el impacto ambiental que pudieran tener.
Pero en algún momento tendrá que analizarse seriamente el tema, y tomando en cuenta que ya hay una comisión trabajando al respecto, que ha declarado que se tomará todo el tiempo necesario para estudiar todas las aristas concernientes a la energía nuclear, sería un buen punto de partida para dejar de lado las consideraciones políticas, y balancear solamente los pro y contra de una planta que a todas luces parece atractiva para una independencia energética, pero que por el momento posee demasiados antecedentes de temer como para que asoma como verdadera opción a mediano plazo, que es el tiempo que según algunos especialistas se enfrentará la verdadera crisis energética.

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